Cuando escribir también es una forma de no olvidar
No se me da bien el journaling.
Lo digo así, sin rodeos. He empezado varios cuadernos y muchos se han quedado a medias. No soy constante, me bloqueo con la estructura y siempre tengo la sensación de que no lo estoy haciendo bien. Aun así, sigo volviendo a ellos.

Cuando pienso en estos cuadernos no imagino grandes textos ni páginas perfectas. Pienso en escribir unas líneas después de un viaje o una excursión, en anotar una sensación, un detalle que no aparece en la foto. Complementar las imágenes con palabras. A veces pegar una pequeña copia impresa, una instantánea, un billete de metro, un ticket de una atracción. Pequeñas cosas que ayudan a completar el recuerdo.
El problema llega cuando me exijo demasiado. Me preocupa no saber cómo estructurar el cuaderno, empezar de una manera y luego querer cambiarla. Me agobia dejar espacios en blanco, no ser cronológico, no haber escrito todo desde el principio. Quiero que esté bien ordenado, que tenga sentido, que no parezca improvisado… y al final esa exigencia hace que no escriba nada.
Es una sensación extraña: querer guardar recuerdos y, al mismo tiempo, ponerte tantas normas que terminas alejándote de ellos.
Aun así, sigo intentándolo. Sigo volviendo a los cuadernos porque me parece importante escribir mis recuerdos. Porque escribir me ayuda a valorar lo que vivo y a volver a esos momentos con el paso del tiempo. Igual que hago fotos para no olvidar, escribo para que los recuerdos no se vuelvan borrosos.
Creo que el journaling no es algo que se “sepa” hacer. Es algo que se hace o no se hace. No son novelas ni artículos para revistas. Son memorias propias. Son para ti, y quizá para alguien cercano. No hay nada mal hecho. Y aunque esto es lo que me digo a mí mismo, reconozco que a veces me cuesta aplicarme el cuento.
Quizá de eso va todo esto: de aceptar que no tiene que ser perfecto, ni constante, ni bonito. De entender el cuaderno como un compañero de la fotografía, no como una obligación. Un lugar donde las palabras sostienen a las imágenes y donde los recuerdos, de una forma u otra, encuentran dónde quedarse.
Porque al final no se trata solo de hacer fotos, sino de crear pequeñas anclas a las que poder volver con el tiempo.
Comentarios