El síndrome de la última foto

Contador de exposiciones de una cámara analógica marcando entre 34 y 36 fotos
Contador de exposiciones

Hay un momento muy concreto en fotografía analógica que siempre se me resiste: cuando el carrete está apunto de terminar y solo quedan dos o tres fotos.

Ahí aparece una sensación incómoda: el miedo a terminar el carrete con cualquier cosa y que, justo después, aparezca algo que merecía ser fotografiado… y ya no me queden fotos.

Siempre me emociona cargar un carrete nuevo, ya escribí sobre ese pequeño ritual aquí, pero terminarlo es otra historia.

Al principio todo parece posible. Fotografías con libertad. Conforme avanzan los fotogramas, empiezas a medir más cada disparo. No lo vivo como un final, sino como un momento en el cada foto pesa un poco más.

Este bloqueo me pasa con todos los carretes, sin excepción.

No importa si es uno que me está gustando mucho o uno que no tanto. Muchos han estado semanas dentro de la cámara esperando a que esas últimas fotos sucedan. 

A veces no queda otra que acabar el carrete un poco de malas maneras.
Si me voy de viaje y quiero llevar una cámara a la que le quedan dos fotos, tengo que dispararlas antes de salir. No porque haya una escena especial, sino porque necesito empezar de cero. Es una forma poco romántica de terminar un carrete, pero real.

Con el tiempo he ido aprendiendo a relativizarlo.
Terminar un carrete no es el fin del mundo. Siempre puedo llevar más de uno en la mochila por si surge algo después. Y si no quedan fotos, también está bien simplemente mirar y disfrutar de lo que tienes delante sin pensar.

No me gusta revelar carretes incompletos. Me cuesta asumir que esas dos fotos se queden sin hacer. Siempre hay algo que se puede fotografiar. Terminar el carrete también forma parte del proceso.

Empezar el proyecto Un año en 12 carretes ha hecho que piense de nuevo en este miedo. Tener un plazo me obliga a terminar los carretes. A aceptar que no todos los finales tienen que ser perfectos y que cerrar un carrete también es una decisión.

Quizá el truco no esté en buscar la última gran foto, sino en aprender que las cosas se terminan y no pasa nada. A disparar esas últimas dos fotos y seguir adelante. Porque al final, el carrete se acaba. Y el siguiente ya está esperando.

Comentarios