![]() |
| Contador de exposiciones |
Hay un momento muy concreto en fotografía analógica que siempre se me resiste: cuando el carrete está apunto de terminar y solo quedan dos o tres fotos.
Ahí aparece una sensación incómoda: el miedo a terminar el carrete con cualquier cosa y que, justo después, aparezca algo que merecía ser fotografiado… y ya no me queden fotos.
Siempre me emociona cargar un carrete nuevo, ya escribí sobre ese pequeño ritual aquí, pero terminarlo es otra historia.
No me gusta revelar carretes incompletos. Me cuesta asumir que esas dos fotos se queden sin hacer. Siempre hay algo que se puede fotografiar. Terminar el carrete también forma parte del proceso.
Empezar el proyecto Un año en 12 carretes ha hecho que piense de nuevo en este miedo. Tener un plazo me obliga a terminar los carretes. A aceptar que no todos los finales tienen que ser perfectos y que cerrar un carrete también es una decisión.
Quizá el truco no esté en buscar la última gran foto, sino en aprender que las cosas se terminan y no pasa nada. A disparar esas últimas dos fotos y seguir adelante. Porque al final, el carrete se acaba. Y el siguiente ya está esperando.

Comentarios